La Cuevona de Ardines, también conocida como Cueva de Ardines, se abre en el mismo macizo cárstico que su vecina y más célebre Tito Bustillo, aunque a un nivel superior y sin comunicación entre ambas. Las primeras noticias sobre ella datan de 1869, y su entrada fue documentada en 1876 por el inglés Roberts Dodds, que explotaba un yacimiento de espato calizo en los alrededores. En 1870, una comisión científica encabezada por Juan de Dios de la Rada y Delgado y Juan Arturo de Malibrán realizó los primeros sondeos, y años después el ingeniero Justo del Castillo documentó un importante concheiro ligado a la ocupación prehistórica de la cavidad. Tras una corta galería de apenas 60 metros se abre una sala circular, con más de 50 metros de altura y un centenar de metros de diámetro, iluminada por una gran abertura cenital que perfora la bóveda. En sus paredes se han documentado grabados lineales de posible cronología paleolítica, similares a los de Cueto la Mina, junto con restos de pintura roja. Excavaciones de comienzos del siglo XX identificaron niveles de ocupación del Magdaleniense inferior. A diferencia de Tito Bustillo, la Cuevona permanece cerrada temporalmente al público, así que conviene confirmar su situación en la Oficina de Turismo antes de acercarse. Cuando ha estado abierta, el acceso exigía subir una escalinata de 300 peldaños hasta la boca de la cueva, orientada al noreste a media ladera del monte, poco recomendable para personas con movilidad reducida.
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Acceso
Escalinata de 300 peldaños hasta la entrada, a media ladera del macizo
Recomendaciones
Comprueba antes su apertura en la Oficina de Turismo de Ribadesella: permanece cerrada temporalmente al público y no debe confundirse con la vecina cueva de Tito Bustillo.
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