A finales del siglo XVI, Avilés emprendió obras para canalizar la traída de aguas desde los manantiales de la zona alta de la villa, en el paraje conocido como Valparaíso, sustituyendo así los regueros que bajaban a cielo abierto y que suponían un foco de enfermedades. Los trabajos, que se prolongaron siete años, dieron lugar a varias fuentes públicas repartidas por la villa; la de los Caños de San Francisco, del siglo XVII, es la que mejor se conserva de aquel sistema. El monumento consiste en un frontal de piedra del que brotan seis cabezas humanas esculpidas, cada una vertiendo agua a un pilón corrido de forma ovalada en su tramo central. Sobre tres de las cabezas se disponen escudos heráldicos: dos de la villa de Avilés, con sus naves, flanquean en el centro el escudo real de Castilla. Situada entre el Palacio de Ferrera y la iglesia de San Antonio de Padua (antigua San Nicolás de Bari), es una de las paradas obligadas de cualquier paseo por el casco histórico avilesino; durante siglos los vecinos de la villa se abastecieron de agua en sus caños para el uso doméstico diario.
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Está a un paso del Palacio de Ferrera y de la iglesia de San Antonio de Padua: los tres se visitan juntos en menos de 15 minutos sin salir de la Plaza de España.
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