El monasterio de San Pelayo fue fundado por Alfonso II el Casto en el siglo IX bajo la advocación de San Juan Bautista, como cenobio femenino vinculado a la corte del reino de Asturias. En el año 994 recibió las reliquias de San Pelayo, un joven mártir gallego ejecutado en Córdoba con apenas trece años, y desde entonces adoptó su nombre. En 1152 las monjas adoptaron la regla de San Benito, dando origen a la comunidad conocida popularmente como "las Pelayas", que continúa habitando el monasterio hoy. Del primitivo edificio románico apenas quedan vestigios, pues el conjunto se reconstruyó en fases entre los siglos XVI y XVIII. Las obras de 1590 se debieron a Leonardo de la Cajiga y Diego de Villa, las torres se levantaron hacia 1650 por Melchor de Velasco Agüero, y la fachada barroca de la Vicaría, con su portada palaciega, se construyó desde 1703 según trazas de fray Pedro Martínez de Cardeña. El resultado es un edificio de piedra dorada situado a los pies de la Catedral de Oviedo. Al ser un monasterio de clausura, su interior no es visitable, pero las monjas mantienen viva una tradición repostera arraigada en Oviedo, con dulces como las rosquillas de San Blas, que se venden en el torno. La comunidad se dedica también a la restauración y encuadernación de documentos y libros antiguos, labor de gran valor para el patrimonio documental de Asturias.
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Acceso
Fácil, en pleno centro histórico, junto a la Catedral
Recomendaciones
Al ser un monasterio de clausura no se visita el interior, pero merece la pena admirar su fachada barroca y, si se tiene ocasión, comprar los dulces que elaboran las monjas.
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