El origen de San Tirso se remonta al siglo VIII, cuando el noble Leminio fundó un monasterio bajo esta advocación en la villa de Lugulie, en pleno valle del Nalón. El cenobio quedó vinculado a la nobleza local hasta que, según el Libro Registro de Corias, en el año 1022 la condesa Aldonza —cofundadora del monasterio de San Juan de Corias— lo donó a este último. Del templo medieval apenas queda memoria material: el edificio actual, de planta sencilla y muros encalados, se levantó en el siglo XVIII y sufrió daños durante la Guerra Civil. Sin embargo, en el muro sur de la nave se conserva una pieza excepcional, el cancel prerrománico de San Tirso, un tablero de caliza tallado en relieve hacia el siglo X que separaba el altar de la nave, decorado con motivos fitomorfos —semipalmetas, flores de lis y hojas lanceoladas— que en su día lucieron policromados. Fue declarada Bien de Interés Cultural en 2003 y es uno de los pocos canceles altomedievales que se conservan en Asturias fuera de los grandes monumentos prerrománicos. El exterior, con su sobria espadaña de piedra y el pórtico de acceso, puede visitarse libremente todo el año; para ver el cancel de cerca conviene coordinar la visita con la Oficina de Turismo de Candamo. Es un testimonio poco conocido de que, mucho antes de la iglesia que hoy vemos, este rincón del concejo ya era un centro religioso de primer orden en la Asturias altomedieval.
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No te vayas sin fijarte en el tablero de cancel prerrománico del muro sur, uno de los pocos que se conservan en Asturias fuera de los grandes monumentos altomedievales.
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