En 1032 el rey Bermudo III permutó estas tierras, en el lugar entonces llamado Lapedo, con los condes Pelayo Froilaz e Ildoncia Ordóñez, quienes fundaron aquí un monasterio. A mediados del siglo XII su bisnieto, el conde Pedro Alfonso, lo refundó y lo entregó a la orden del Císter, convirtiéndolo en cabeza de un extenso dominio eclesiástico que llegó a extenderse por Miranda, Pigüeña, Teverga, Los Oscos e incluso Babia, en León. Con el tiempo el topónimo Lapedo fue sustituido por el de Belmonte, nombre que terminó designando también a la capital del concejo. La desamortización de Mendizábal, en 1835, precipitó el abandono y la ruina del cenobio, y en 1859 el Gobierno autorizó al Ayuntamiento a emplear sus materiales para levantar la antigua cárcel del pueblo, hoy reconvertida en Casa de Cultura. Del monasterio apenas quedan en pie restos de los muros del templo; sillares, cornisas, fustes y basas fueron reaprovechados en construcciones cercanas, y los tres retablos que albergaba se trasladaron a la iglesia de San Martín de Calleras, en Tineo. La estampa que ilustra esta ficha, un grabado de 1855 de Francisco Javier Parcerisa para "Recuerdos y bellezas de España", es hoy el testimonio gráfico más elocuente del claustro que llegó a tener el monasterio. Sus restos se localizan junto al núcleo de Belmonte, muy cerca del paseo fluvial del río Pigüeña.
Llévate esta ficha contigo
Descarga la ficha en PDF con todos los datos: consúltala sin conexión durante tu visita, y guárdala como recuerdo.
Acceso
Fácil
Recomendaciones
Combina la visita con un paseo por la ribera del Pigüeña hasta la Casa del Lobo, ambos junto al núcleo de Belmonte, y si el tiempo lo permite acércate también a las minas romanas de Boinás, a pocos kilómetros.
El tiempo en Location Name
0
Clear
0%
0km/h
Previsión Semanal en Restos del Monasterio de Santa María de Belmonte
Opiniones
Necesitas una cuenta para añadir tus comentarios

