El castro de Pendia, en la parroquia de Doiras, fue excavado por primera vez en 1941 por Antonio García y Bellido y Juan Uría Ríu, en paralelo a los trabajos que ambos dirigían en el cercano Castelón de Coaña. Ya en 1898, sin embargo, el erudito local Bernardo Acevedo y Huelves había dejado la primera descripción conocida de sus ruinas. Ocupado desde el siglo I a.C., el poblado perdió su carácter fortificado hacia el siglo II d.C., aunque los materiales hallados apuntan a una posible reocupación en los siglos V-VI. El yacimiento se organiza en dos recintos diferenciados —la acrópolis y el poblado propiamente dicho— separados por una robusta muralla que culmina en una torre en su punto más elevado. Los cortados naturales que rodean la parte alta actuaron como defensa, reforzada con líneas de muralla en las laderas menos protegidas del norte. Entre las estructuras conservadas destacan varias cabañas circulares de piedra y dos saunas de tipo castreño, un elemento poco frecuente fuera de los grandes castros del occidente asturiano. Declarado Bien de Interés Cultural, el castro se visita en un entorno boscoso y silencioso, bien distinto del más conocido Castro de Coaña. Un sendero señalizado conduce hasta un mirador natural con vistas sobre el valle del río Urubio y el embalse de Doiras, con el Pico del Cuco al fondo.
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Acceso
Sendero señalizado desde la carretera AS-12 a la altura de Serandinas
Recomendaciones
No te vayas sin subir al mirador que corona el sendero: las vistas sobre el valle del Urubio y el embalse de Doiras son el mejor cierre de la visita.
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